Congo Democrático

La República Democrática del Congo, también conocida popularmente como RDC o Congo Democrático, es un país de África central, denominado Zaire entre los años 1971 y 1997.

Recuadro de datos oficiales

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  • Nombre oficial: República Democrática del Congo.
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  • Forma de estado: república democrática semipresidencialista.
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  • Capital: Kinshasa.
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  • Año de independencia: 1960 (de Bélgica).
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  • Máximo mandatario actual: Joseph Kabila, presidente desde el 26-01-2001.
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  • Extensión: 2.345.410 kilómetros cuadrados (11º del mundo).
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  • Población estimada: 75 millones de habitantes (19º del mundo).
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  • Renta per cápita: 342 dólares (2013).
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  • Idioma(s): francés, idioma oficial; y ‘nacionales’ son lingana, tshiluba, kikongo y swahili.
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DÓNDE (ubicación)

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Centro casi exacto de África, un poco más metido hacia el sur. En el sentido de las agujas del reloj, limita el antes llamado ‘Zaire’ al norte con la República Centroafricana, al noreste con Sudán del Sur, al este con Uganda, Ruanda, Burundi y Tanzania, al sureste con Zambia, al sur con Angola y al oeste con la República del Congo o ‘Congo-Brazzaville’, separado de su homónimo por el río Congo, precisamente. Cuenta al suroeste con un brazo que se mete hacia el Océano Atlántico, por lo que tiene una pequeña parte de costa (menos de 40 kilómetros). 

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QUIÉN (colectivos en conflicto) 

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Teóricamente conclusa en 2002, la guerra continúa en el este del país, donde ejércitos guerrilleros de nombre cambiante luchan por controlar las zonas de extracción de ricos minerales usados por la industria tecnológica internacional. Países limítrofes con Congo (Ruanda, Burundi y Uganda, entre otros) y multinacionales ‘occidentales’ son acusadas de fomentar estos grupos armados, que ‘disfrazan’ sus auténticos motivos de causas supuestamente más nobles. 

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Ante esto, el Ejército oficial trata de recobrar el control del país, apoyado por unos 20.000 ‘Cascos Azules’ de las fuerzas de estabilización de la ONU. Su misión, iniciada en 2000, fue primero llamada MONUC y, desde 2010, MONUSCO. Al menos seguirá allí hasta marzo de 2015, pero desde 2013 tiene cierto permiso de ataque contra las guerrillas, o sea que no se limita a la defensa.

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Y en mitad, el grueso de los 75 millones de habitantes de un país destrozado. Al principio por décadas de dictadura ladrona, y después por otros 20 años de guerra casi constante, al menos en las zonas más conflictivas del este. Especialmente dramática es la situación de las mujeres, víctimas de violaciones casi como en ningún otro lugar.

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QUÉ (resumen de problemáticas)

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La(s) guerra(s) no ha(n) terminado:

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Hace dos décadas, en 1994, la República Democrática del Congo (entonces llamada Zaire) vivía bajo la bota del famoso dictador Mobutu Sese Seko, que llevaba en el poder desde 1965, sostenido por potencias ‘occidentales’ como EEUU y Francia, pero ya en horas bajas. Fue ahí cuando apoyó a los hutus, principales responsables del genocidio de la vecina Ruanda (véase punto ‘Por qué’), lo que desembocaría en 1996 en una rebelión para derrocarle, la ‘Primera Guerra del Congo’. 

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Los rebeldes triunfan en 1997, cuando entra a mandar en el país su líder, Laurent Kabila. Pero se encuentra un país desvencijado, presa de sus deudas, y el grupo heterogéneo que le sustentaba estalla en mil pedazos, también desde que decide en 1998 que las tropas de los países vecinos se vayan. Empezará un conflicto ‘todos contra todos’ que ha sido llamado ‘Gran Guerra de África’, con infinidad de milicianos, ‘señores de la guerra’ que aspiran a controlar regiones concretas, tutsis contra hutus y viceversa, y estados extranjeros como Uganda y Ruanda metiendo mano en pos de explotar ilícitamente los impresionantes recursos naturales congoleños (véase punto ‘Por qué’. Y el Gobierno de Kinshasa, tratando de controlar todo esto.

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Teóricamente, esa ‘Gran Guerra de África’ o ‘Segunda Guerra de Congo’ terminó en 2002, pero la realidad es bien distinta. De alguna manera, todos los implicados siguen operando, renombrados y reagrupados bajo siglas diferentes a las de entonces, y los combates de guerrillas y violaciones de los derechos humanos persisten. A día de hoy, según la ONG Médicos Sin Fronteras, siguen operando más de 60 grupos armados, que continúan violando a la población. En 2013, el número de personas que tuvo que huir de la violencia ascendió al millón. No está mal para un conflicto terminado una década atrás…

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A finales de 2013, la guerrilla más importante (M23, ‘Movimiento 23 de Mayo’, apoyado por Uganda) dejó oficialmente las armas tras 15 años de combate. Pero, como describe en ‘El País’ la periodista experta en África Gemma Parellada, no es la primera vez que algo así pasa en esta contienda: “ El guion cambia poco en cada ocasión: una fuerza militar con apoyo de Uganda y Ruanda irrumpe en Congo, se instala durante un tiempo en el este del país, zona montañosa con volcanes y con minas de estaño, tungsteno y otros minerales -necesarios para la industria de las nuevas tecnologías-, hasta que las divisiones internas y pactos opacos con las autoridades congoleñas conducen a una integración de sus efectivos, incluidos los altos mandos, en el Ejército congoleño. Alguno de sus líderes simula una derrota simbólica, pero en general la cúpula rebelde halla una salida”.

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Así que muchos grupos siguen luchando en el noreste o zona de los Grandes Lagos, sobre todo en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, territorios fronterizos con Uganda, Ruanda, Burundi y Tanzania. En estos 20 años de belicismo sin final conocido, se calcula que entre 5 y 6 millones de personas han fallecido por el conflicto, y 3 millones más han tenido que emigrar para poner a salvo sus vidas, ya sea hacia fuera o hacia dentro del país. Pero lo más irónico y cruel del tremendo parte de bajas es que solo medio millón ha caído en enfrentamientos directos: el resto ha muerto por hambre o enfermedades solucionables, debido a que el miedo a la guerra, la extorsión y pillaje por parte de distintas facciones armadas les habían dejado sin recursos para sobrevivir.

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La mujer como arma bélica: 

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El interminable combate que vive el este del Congo no tiene un campo de batalla definido, pero esta frase solo sirve si nos referimos a la topografía. Los especialistas señalan que el cuerpo de la mujer es, a menudo, ese lamentable terreno de destrucción. En 2011 fue publicado un estudio de Amber Peterman (Universidad de Carolina del Norte, EEUU) que sostenía que 400.000 féminas son violadas anualmente en el antiguo Zaire, muchas de ellas por parte de los diversos e informales ejércitos en combate. Y no solo como síntoma de impunidad y brutalidad masculinas, sino también como táctica.

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No en vano, con muchos de los varones metidos en la guerra, el tradicional papel de sostén social y económico de las féminas se ha multiplicado en estos lugares en conflicto. Y las guerrillas saben que, para destruir a un pueblo rebelde o respondón, lo primero es humillar y pisotear a sus mujeres, las que sacan adelante el hogar. Emplean a veces una crueldad desmedida, más allá del mero asalto sexual repetido: les introducen de todo por la vagina, produciéndoles terribles heridas, y les transmiten enfermedades voluntariamente, todo con vistas a aniquilarlas como personas. A menudo el trauma las deja irrecuperables, y la propia sociedad que sostenían… es la que también las rechaza.

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En 2014, un par de premios internacionales han puesto de manifiesto esta terrible variante del conflicto. Uno ha sido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, que ha sido para la periodista y activista congolesa Caddy Adzuba, incansable –y amenazada- luchadora por los derechos femeninos de sus compatriotas. El otro, el premio Sájarov –máxima distinción del Parlamento Europeo- al ginecólogo Denis Mukwege, del mismo país y que ha atendido en su dilatada trayectoria a más de 40.000 víctimas de violaciones entre mujeres, niñas y niños. Ambos luchan por que el mundo sepa de este drama soterrado.

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Niños-soldado, marcados para siempre: 

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Según la ONU, 22 países del mundo usan niños-soldado en sus conflictos bélicos, y uno de los principales ha sido la República Democrática del Congo. La paz teórica de 2003 incluyó un programa para desmovilizar y reinsertar a unos 30.000 menores, pero resta mucho aún por recorrer. A estas personas  les robaron la vida y el alma: se quedaron sin infancia, sin educación y traumatizados para siempre, a poco conscientes que terminen siendo de las atrocidades que han compartido, cuando no protagonizado. Por culpa de otros, o sea convertidos a la par en verdugos y en víctimas.

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Los jefes militares sin escrúpulos gustan de tener niños en sus filas, ya sea para los combates, para transportar munición o, en el caso de las niñas, también como objetos sexuales. A menudo los reclutan después de matar a sus padres, y los entrenan para el salvajismo. Según cuentan los que han salido de ese círculo diabólico, una prueba macabra de fidelidad al líder puede ser matar a amigos propios. Los que sobreviven a ese trauma, además, suelen terminar siendo más osados, fanáticos y manejables que cualquier adulto, bien aliñados a base de drogas y alcohol. Pero además, son despreciados por sus jefes: si mueren, se secuestra a otros y listo.

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Otra táctica para que no se les pase por la cabeza salir del grupo es obligar a los chavales a matar y violar en sus propios pueblos, donde pase lo que pase ya nunca serán bien recibidos. Como es evidente, aunque un niño-soldado sobreviva y deje esta actividad, su vida nunca va a ser fácil. Tiene que enfrentarse a sí mismo, a los crímenes que le obligaron a cometer, a la espada de Damocles del desprecio social si sale a la luz quién fue y qué hizo. Aunque lo manejaran otros, aunque no tuviera escapatoria.  

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Algo se avanza, muy de a poco. En 2012, la Corte Penal Internacional de la Haya sacó la primera sentencia firme de su historia y condenó a 14 años de cárcel a Thomas Lubanga, un ‘señor de la guerra’ del Congo, que en el período 2002-03 reclutó a unos 3.000 niños-soldado. Eso sí, las vidas que destrozó –las de los propios menores, las de sus familias, las de los asesinados- nunca serán recuperables. Y todos esos son muchos más de 3.000.

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POR QUÉ

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El dictador congoleño, Mobutu Sese Seko, de famoso gorro de piel de leopardo, se había hecho con el poder tras golpe de estado en 1965. Era un país que solo llevaba un lustro de independencia, tras haber sido explotado y zarandeado por Bélgica durante casi un siglo. Muchas décadas durante las que la metrópoli no hizo nada por el pueblo congoleño, que casi era equiparable a un gigantesco campo de esclavos durante el dominio directo del rey Leopoldo II (1885-1908). Metrópoli que, por supuesto, no se preocupó de la educación de sus dominados, ni hizo nada por ayudar a la democracia: como otros colegas de ‘occidente’, en realidad a ese ‘primer mundo’ le convenía un tirano medio auspiciado, que velase más fácilmente por sus intereses comerciales que un estado auténticamente soberano. Y así fue durante tres décadas, pero en 1994 el plan se empezó a torcer desde fuera.  

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Fue entonces cuando, en la pequeña y vecina Ruanda, se produjo uno los mayores genocidios concentrados de la historia. El ala más radical de la mayoría étnica hutu, que además gobernaba, intentó exterminar a la minoría tutsi, con un saldo de 800.000 muertos –también hutus moderados- y decenas de miles de desplazados a los países del entorno, todo ante los silbidos de disimulo de la comunidad internacional. Al cabo de los meses, la tortilla se dio la vuelta y los que entraron en el este de Congo fueron los propios genocidas hutus, ahora convertidos en fugitivos. Mobutu los había apoyado, y que ahora suponían un problema porque en Zaire también vivían tutsis, que se organizaron en guerrillas para hostigar a los hutus.  

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En 1996 Mobutu mandó por fin al Ejército a poner orden, pero las guerrillas tutsis (‘banyamulenges’) contraatacaron, se unieron a opositores al régimen en general y a tropas extranjeras (de Ruanda o Angola, por ejemplo) y terminaron derribando al régimen en 1997, con el general Laurent Kabila al frente (Primera Guerra del Congo). En cambio, cuando al año siguiente éste, acusado de títere de los foráneos, terminó ordenando que salieran por fin del país las tropas ruandesas y de otros países que le ayudaron, los ‘banyamulenges’ se sublevaron y empezó una enorme contienda, nada menos que la peor que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Con varios países, etnias y grupos guerrilleros implicados (hasta 20, inicialmente).

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En teoría, en 2002 la guerra terminó, 4 millones de muertos después, más otros tantos de desplazados. Pero simplemente sigue en el este del país, con más o menos los mismos agentes actuando menos abiertamente y la violencia campando aún a sus anchas por demasiadas comarcas. 

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Si originariamente esta silenciada, mortífera y difusa contienda de casi 20 años parecía proceder de un conflicto interétnico y la mera lucha por derrocar a Mobutu, hoy ya poco queda de eso. Es una guerra fundamentalmente comercial, en busca del control de la explotación de los riquísimos recursos minerales de los que dispone el antiguo Congo Belga, y concretamente el este del país. Convenientemente explotados con Mobutu en el poder, cuando el estado quedó sin cabeza, varios países vecinos y multinacionales ‘occidentales’ han tratado de quedarse con el pastel, sabedores todos de que África subsahariana interesa muy poquito a los medios.

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Se dice que Congo posee el 80% de las reservas mundiales de ese mineral llamado coltán (columnita-tantalita), habitual en los productos tecnológicos de todo el mundo, empezando por los teléfonos móviles y terminando por los ordenadores e incluso drones. La tantalita sirve por ejemplo para producir condensadores eléctricos. Pero es que además, como denuncia la ONG vasca Alboan, de Congo también se extraen oro (para cubrir el cableado), wolframio (que se usa para que el teléfono vibre) o casiterita (óxido de estaño, para soldar circuitos). Estos materiales marchan, pero volverán ‘empeorados’, años después, en forma de basura tecnológica camuflada como mercado de segunda mano. En realidad, los aparatos terminan en vertederos africanos, contaminando a los más desfavorecidos.

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Las guerrillas combatientes persiguen, sobre todo, controlar las minas para extracción de toda esta riqueza, esclavizando a poblaciones enteras –niños inclusive- que se ven obligados a dejar, por ejemplo, la agricultura, con consecuencias económicas y vitales funestas. Las milicias son financiadas por las grandes empresas, y/o espoleadas por algunos de los países vecinos como Ruanda, Uganda o Zimbabue, y por ahí sacan los minerales ilegalmente extraídos para distribuirlos por todo el mundo. Un auténtico saqueo consentido, en definitiva.  

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Un informe de la ONU pidió recientemente al Consejo de Seguridad que sancione a los países que colaboran con este tráfico, indivisible de la guerra y las múltiples violaciones de Congo. Sería una posible solución, si no fuera porque en el Consejo hay países con derecho de veto y cuyas propias empresas son máximas beneficiarias de que nada cambie en el centro de África. 

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CUÁNDO (cronología de hitos) 

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Los pigmeos o ‘negrillos’ se tienen por los primeros pobladores de la zona.

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  • ± 500 d.C.: se asientan en el territorio pueblos bantúes procedentes de las tierras de sabana más al norte.
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  • ± 1250: existe el Reino del Congo, un estado en la desembocadura en el Atlántico del río de igual nombre, el segundo más caudaloso del mundo. Incluye buena parte de lo que hoy es R.D. del Congo, Angola y República de Congo.
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  • 1482: los portugueses descubren la desembocadura del río Congo y entran en contacto comercial con el reino allí instalado. Enseguida empieza el comercio de esclavos.
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  • ± 1510: británicos, holandeses y franceses también fundan sus estancias en la desembocadura del Congo, con ansias esclavistas.
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  • ± 1600: más al este del Reino del Congo existe el Reino Bakuba, muy evolucionado políticamente, que cultiva tabaco y maíz. También existen más al interior, y en territorio congoleño actual, el Imperio Baluba y el Imperio Balunda, una confederación de pueblos.
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  • 1665: prácticamente desaparece el Reino de Congo, por conflictos con los negreros europeos.
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  • 1874-77: el periodista galés Henry Morton Stanley llega desde la costa este africana y baja entero el enorme río Congo, inexplorado hasta entonces.
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  • 1884-85: Conferencia de Berlín, en la que las potencias europeas se reparten África. La actual R.D. del Congo queda, a grandes rasgos, como posesión del rey belga Leopoldo II, y la hoy República del Congo o ‘Congo Brazzaville’ –margen derecha del río- será para los franceses.
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  • 1894: se completan los límites congoleños actuales para el rey Leopoldo II de Bélgica, un tirano esclavista, explotador y represivo que sufre rebeliones de pueblos de su vastísimo terreno. Se habla de millones de muertos bajo su yugo.
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  • 1908: el Parlamento de Bruselas le quita Congo al rey Leopoldo II, y el territorio empieza a llamarse oficialmente Congo Belga. Sigue la explotación de riquezas, pero con algo más de suavidad para con los indígenas.
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  • 1949: finalizada la Segunda Guerra Mundial, definitivo impulso del movimiento independentista. Desean los autóctonos igualdad en derechos, como tienen en las colonias francesas.
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  • 1957: la presión nacionalista congoleña obliga a Bélgica a convocar elecciones municipales, y la violencia salta también a las calles.
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  • 1959: primeras elecciones libres.
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  • 1960: independencia, con Joseph Kasabuvu como presidente y Patrice Lumumba como primer ministro. Representa cada uno a sendos partidos principales el ABAKO de la etnia bakongo y el Movimiento Nacional Congoleño (MNC), respectivamente. Enseguida surge el caos y también los ataques de descontrolados contra la nutrida comunidad belga que sigue en Congo, y un ejército de mercenarios dirigido por Moise Tshombe y apoyado por los colonos europeos, independiza la sureña provincia de Katanga.
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  • 1961: asesinado el previamente destituido primer ministro Patrice Lumumba, con enorme repercusión internacional. Eliminado políticamente por el presidente Kasabuvu debido a sus ansias nacionalizadoras, la CIA y Bélgica también colaboran para favorecer los intereses de sus multinacionales. Varias provincias más se autoproclaman independientes.
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  • 1962: el Gobierno, y la ONU, reconquistan la provincia de Katanga. Aunque el líder guerrillero Tshombe se exilia, después el presidente Kasabuvu lo llama para primer ministro de un Gobierno de coalición. Se contratan mercenarios contra los guerrilleros de izquierdas.
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  • 1965-1997: dictadura personalista de Mobutu Sese Seko, líder del Ejército que da un golpe de estado con la excusa de la inestabilidad interna. Inicialmente bien visto por ‘occidente’, redenomina al país como Zaire. Procede a las nacionalizaciones, aglutina todo el poder junto al partido único (Movimiento Popular de la Revolución) y saquea al estado, bajo la protección sobre todo de EEUU y Francia.
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  • 1990: obligado por los grandes problemas económicos y sociales, el dictador Mobutu permite de nuevo los partidos y terminará aceptando opositores en el Gobierno, aunque conserva los mayores poderes.
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  • 1994: tras el genocido de Ruanda, en torno a 2 millones de refugiados entra en el este de Congo. Sobre todo de la etnia hutu, autora mayoritaria de los crímenes contra la etnia tutsi y ahora fugitiva, apoyada por Mobutu. Los tutsi están también presentes en Zaire, y quieren que los hutus se vayan.
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  • 1996-97: ‘Primera Guerra del Congo’: los tutsis zaireños forman grupos paramilitares (‘banyamulenges’) para hostigar a esos hutus instalados en el este de Zaire. El Ejército de Mobutu termina actuando, pero los tutsis contraatacan y empieza la guerra, apoyada por el nuevo Gobierno de Ruanda y opositores en general al régimen. Aprovechando que Mobutu está de viaje para operarse, el improvisado ejército opositor de Laurent Kabila ataca y toma Kinshasa. Mobutu muere en el exilio ese mismo año, y el país toma el nombre de República Democrática del Congo.
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  • 1998-2002: ‘Segunda Guerra del Congo’ o ‘Gran Guerra de África’: algunos de los aliados antiMobutu se le rebelan a Laurent Kabila, como los ‘banyamulenges’ o los otrora colaboradores Ruanda y Uganda, que querían controlar los ricos recursos congoleños. Por alianzas y contraalianzas, en mayor o menor medida una decena de países continentales se ven implicados, e infinidad de grupos guerrilleros.
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  • 2001: Laurent Kabila, asesinado por un guardaespaldas en un intento frustrado de golpe de estado. Lo sucede su hijo Joseph Kabila.
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  • 2003: tras los acuerdos de paz, Gobierno de transición con Joseph Kabila al frente.
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  • 2006: elecciones multipartidistas y libres, por fin: gana el ya gobernante Joseph Kabila, con disturbios tras la primera vuelta que obligan a intervenir a los Cascos Azules de la ONU.
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  • 2013: la principal guerrilla, el Movimiento 23 de Marzo (M23), anuncia que deja las armas tras su última derrota en la provincia de Kivu del Norte (noreste del país) y después de 15 años de actividad. Pero siguen activos multitud de grupos menores.
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Foto: https://www.flickr.com/photos/69583224@N05/10082846325/

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Escrito por César Ferrero Neira

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