Aratz Goikoetxea

Periodista recortado, observador, humano. Hoy inmerso en los números, mañana ya veremos.

Hace varios años, cuando aún estaba estudiando la carrera de periodismo, una joven reportera que había informado sobre la última guerra de Irak desde el famoso Hotel Palestina de Bagdad me dijo: «ser periodista es complicado, pero si decides serlo también será lo único que podrás ser». Han pasado varios años desde entonces. He acabado los estudios. He sufrido la crisis post-carrera, desesperado por encontrar un trabajo, aunque no fuera ni digno de mí ni digno de la profesión a la que quiero dedicarme de por vida. He conocido esos estadios, hasta que por fin tuve mi oportunidad.

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Entré en aquella redacción de Radio Vitoria que en su día me pareció inmensa, y que ahora es tan mía como de quienes llevan allí la mitad de su vida, y quedé fascinado. Observaba atentamente a mis, desde entonces, compañeros. Los admiraba y aún los admiro. Algunos de ellos han sido y son para mí ejemplos a seguir. He trabajado codo con codo con ellos, y desde el primer día puedo decir, con orgullo, que me trataron de igual. Incluso realicé tareas que supuestamente estaban designadas a los veteranos. La radio, el medio que conozco, me ha dado todo. Lo bueno, y lo malo. Y he vivido experiencias que me han reafirmado una vez más en lo que ya decía Gabriel García Márquez: que escogí la mejor profesión del mundo. Una profesión devaluada por programas de televisión disfrazados de reporterismo amarillo. O, lo que es peor, por periódicos conspirativos al servicio de intereses políticos. Un periodismo que no he aprendido en las aulas y que, por ética, no ejerzo. Y eso que hay días en que uno se cuestiona todo, incluidos los principios.

Sí, hay días que todo sale mal, que se acaban las ideas, que todo se tuerce, que nada sale como estaba previsto, que discutes, que metes la pata, que se te escapa un dato importante, que te quedas en blanco en antena. Esos días que piensas que te equivocaste, que realmente no sirves para esto. Pero al final del día, siempre hay algo que te devuelve la ilusión. Un gesto, una palabra, una llamada de un oyente, el guiño de tu jefe, el aliento de tus compañeros. Sí, ser periodista es complicado, pero es cierto que una vez que decides serlo, es lo único que puedes ser.

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