Los “Harkis”, sin derechos desde hace 50 años por una decisión que tomaron sus abuelos

Derechos Humanos

03 de Junio del 2015

Durante más de cincuenta años, en Argelia, pertenecer a los Harkis, ha significado sufrir el rechazo de toda la sociedad. Estos fueron los más de 250.000 argelinos que lucharon, de 1954 a 1962, junto al ejército francés del general De Gaulle, en la guerra de la independencia.

“Los franceses habían instalado aquí un puesto muy importante, con al menos 800 soldados. Mi padre, que había servido en la Segunda Guerra Mundial, les servía de intérprete. El FLN (Frente de Liberación Nacional) lo asesinó en 1955, yo tenía 19 años. Cuatro años después, los soldados franceses vinieron a mi casa. Apresaron a mi mujer, y me dijeron que me fuera a trabajar con ellos, si no lo pagaría mi esposa. Es así como me convertí en Harki”.


Abderrahmane Snoussi, declaraciones de una entrevista para la revista “Le Monde Diplomatique”, publicada durante el mes de abril de este año.


Un conflicto que enfrentó a Francia, la metrópoli, con el Frente de Liberación Nacional argelino. Más de dos tercios de ese ejército, formado por civiles nativos, estaba reclutado a la fuerza. Los franceses secuestraron a miembros de sus familias, los torturaron, humillaron o amenazaron de alguna forma para conseguir que estos se convirtieran en “Harkis”. Aún así, estos nunca fueron considerados militares, podían ser revocados en muy poco tiempo y cobraban mucho menos que los soldados franceses.


Esto es lo que se desprende de las declaraciones de Abderrahmane Snoussi, que pasado más de medio siglo, ya se atreve a hablar con periodistas sobre sus experiencias como Harki en dicha guerra. Un conflicto que dejó, según los historiadores europeos, más de 25.000 franceses muertos y 100.000 argelinos. El Frente de Liberación Nacional, partido aún en el poder en Argelia, eleva el número de nativos muertos a más de un millón. En la película, “La batalla de Argel”, de Gillo Pontecorvo, se muestran las dos caras de esta guerra de una forma muy ilustrativa.


La represión contra los argelinos y la violencia de sus acciones terroristas. Ahora bien, las imágenes que nos muestra Pontecorvo hacen decantar al espectador, casi inevitablemente, por el lado de los argelinos. Con el tiempo se ha convertido en una obra histórica, tan rigurosa como polémica, pero necesaria para entender la crudeza y el odio de la situación que se vivía en el país en aquella época.



La guerra terminó con el reconocimiento, por parte de Francia, a través de los acuerdos de Evian, de la independencia de Argelia el 5 de julio de 1962. Significó la expulsión de unos 350.000 colonos europeos de origen francés, español e italiano. Se firmó una amnistía para todos los “Harkis”, pero nunca fue respetada ni por el Frente de Liberación Nacional ni por la sociedad.


Se dice que los “Harkis” fueron usados por los franceses para llevar a cabo masacres de la población local, torturas de todo tipo destinadas a conseguir información del Frente de Liberación Nacional, o simplemente como chivatos. A raíz de eso, esta palabra adquirió un tono injurioso y peyorativo en todo el país. Una vez terminada la guerra, se les consideró a todos traidores. La palabra fue y es usada como uno de los peores insultos que se podían y se pueden recibir. Para un argelino resultaba entonces y es, hoy en día, una gran ofensa.


Más de 25.000 huyeron a Francia en 1962 para malvivir en campos de concentración, pero la gran mayoría se quedó en Argelia pues allí tenían a sus familias. Fueron perseguidos, torturados, condenados y asesinados por haber luchado del lado de los franceses. Se calcula que murieron entre 70.000 y 160.000 durante los primeros años de la independencia. En aquellos tiempos, matar a un “Harki” era un acto heroico y muy bien visto por la sociedad. La cruda realidad es que fueron abandonados a su suerte por los franceses.


De todos modos, el número de “Harkis” asesinados en la década de los sesenta sigue siendo, hoy en día, una de las grandes incógnitas de la historia de este árido país del norte de África.


El investigador François-Xavier Hautreux, todo un especialista sobre el tema, sustenta que “reconocer la imposibilidad de evaluar el fenómeno obliga a la incertidumbre y a evocar masacres de varios miles de argelinos, sin más precisiones”. Eso es una lástima para las familias y para la historia de Argelia.


La situación actual de los “Harkis” tiene algunas particularidades que llaman mucho la atención. Terminada la guerra, el FLN era el que adjudicaba parcelas y trabajos a la población. Eso condenó a los “Harkis” y los dejó sin ninguna posibilidad de sustento por parte del estado. Hay que tener en cuenta que en Argelia, para conseguir un trabajo, aparte de la formación, hay que disponer de una “maarfita” o recomendación. A los “Harkis” y a sus descendientes nunca nadie les contrataría, ni les recomendaría y eso les condenó a la pobreza extrema. Pasado más de medio siglo, ellos y sus familias aún son víctimas de una fuerte relegación social.


La única mención que se hizo a este colectivo en la legislación actual de Argelia, fue en una ley aprobada el 5 de abril de 1999, concretamente en el artículo 68, en la que se recalcaba:


“Pierden sus derechos civiles y políticos, conforme a la ley en vigor, las personas cuya posición durante la revolución de liberación nacional hayan sido contrarias a los intereses de la patria y observado un comportamiento indigno”.


La única alusión a los “Harkis”, en cuarenta años, en la legislación de Argelia, fue para volver a dejar claro que no tenían derechos. Esta cuestión sigue siendo un inmenso tabú en las universidades y los medios de comunicación argelinos.


Otro aspecto curioso, por ejemplo, lo encontramos en el hecho que todos los niños pueden optar a una ayuda de 3000 dinares al mes (unos 30 euros) para sus estudios. Todos los alumnos del país menos los descendientes de los “Harkis”. Muchos de sus hijos y nietos, han abandonado Argelia en busca de oportunidades. Sufren el peso de una herencia histórica que les obliga a huir de su país por una decisión que tomaron sus abuelos hace más de cincuenta años. En los colegios se sigue enseñando e inculcando a los niños, de forma sistémica, que los “Harkis” fueron los encargados de cumplir con las tareas sucias del ejército francés durante la guerra y eso no contribuye en nada a que la situación se reinvierta.


La sociedad argelina es una sociedad bloqueada en su historia, en el rencor y en el odio hacia un colectivo que carece de sentido en pleno siglo XXI.


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Foto Libre de Derechos de Uso. Fuente Wikipedia





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