Edwin Chota eligió el bosque y lo asesinaron. Activismo medioambiental en la Amazonía del Perú

Medio Ambiente

El tráfico ilegal de maderas es un negocio muy lucrativo. Mueve hasta 20mil millones de dólares al año en el mundo y es mucho menos arriesgado que otros negocios ilegales. La probabilidad de ser castigado es del 0,084%.

La víspera de su asesinato Edwin Chota tuvo un sueño extraño. Se encontraba en mitad de la selva junto a su madre, su abuela y su tio, todos difuntos, y estos le llamaban. A las cuatro de la madrugada Edwin se levantó sobresaltado y tembloroso. Preparó todo lo necesario y puso rumbo a Acre, donde junto a la tribu asháninka de Apiwtxa iban a coordinar la defensa de sus tierras, atacadas por los mismos madereros.


Acompañaban a Edwin, Jorge Ríos, Francisco Pinedo, Leoncio Quintisima y Jaime Arévalo que se adelantaría a la reunión más adelante esquivando así su muerte. 


A su partida el chicua, ave de plumas marrones que debe su nombre al sonido que produce cuanto canta, cantó más fuerte de lo normal. Así lo cuenta Ergilia López, viuda de Jorge Ríos, que advirtió a su marido para que no fueran. "Yo no estaba tranquila, las aves no se equivocan".


Eran las diez de la mañana del 1 de septiembre de 2014. Seis horas más tarde, Edwin, Jorge, Francisco y Leoncio fueron asesinados. Les dispararon con una escopeta de calibre 16, utilizada normalmente para cazar animales. Edwin recibió un disparo en el pecho y otro en la cabeza. Sus cuerpos fueron arrojados al río. 


Jaime Arévalo, cansado de esperar tras adelantarse a la reunión, regresó sobre sus pasos. Encontró los cuerpos de sus compañeros en una quebrada a doce horas de camino de la frontera. Huyó a su comunidad corriendo, por miedo a que lo matarán también a él. 


Edwin no nació asháninka. Nació y creció en Pucallpa, al otro lado de los Andes, a más de cinco mil kilómetros de distancia. Fue militar y luchó en la guerra entre Perú y Ecuador. También trabajó de electricista. Tuvo dos matrimonios antes de llegar a la selva amazónica y fruto de ellos 3 hijos. 


Elva Risafol, su segunda mujer cuenta cómo Chota quería ir algún día a la selva para hacer algo por las comunidades indígenas, cuya situación de desprotección había conocido durante la guerra:


"Él formaba sus castillos en el aire. Era muy idealista. Yo era más práctica. Yo le decía, en broma, que si vivía con una nativa iba a ser feliz. Creo que me hizo caso."


Así, a finales de los años 90 Edwin Chota llegó a la selva de Alto Tamaya.


Por su parte, los asháninka, la etnia más numerosa del Perú, se había trasladado desde la selva central a esa zona fronteriza con Brasil a comienzos del siglo XX. La comunidad Saweto ya estaba cimentada cuando Edwin llegó. Varias familias ya habían decidido terminar con la explotación de los recursos en sus tierras y querían ser reconocidas como comunidad por el Estado. De la mano del nuevo liderazgo de Chota la comunidad consiguió electricidad vía paneles solares, comunicación con la ciudad a través de una radio de dos canales, un tanque elevado para almacenar agua y el proyecto de una escuela. Todos los comuneros adquirieron documentos de identidad. El modelo a seguir era la comunidad Apiwtxa de Brasil, que contaba con criaderos de tortugas y peces, explotaciones de flores para exportar y hasta bosques reforestados. 


Junto con el reconocimiento de la comunidad, la gente de Saweto reclamaba un área de ochocientos kilómetros cuadrados de selva. El Gobierno se negó ya que el 80% de ese área ya estaba adjudicada a empresas madereras para ser explotada durante 20 años. esa cesión tuvo lugar en 2002. Un año más tarde los asháninkas de Saweto fueron reconocidos como comunidad pero sin ser dueños legales de sus tierras y sin poder evitar que empresas privadas exploten sus recursos. Otra comunidad más que se unía a las más de seiscientas, la mitad de las existentes en Perú, que no tienen la propiedad de su territorio.





 


Más de una década estuvo luchando Edwin Chota contra la tala de árboles en la selva Alto Tamaya hasta su asesinato en septiembre de 2014. Dos días antes de que lo mataran una inspección certificó que ECOFUSAC y Ramiro Edwin Barrios Galván, las dos empresas madereras peruanas que explotan sus tierras, talaban especies no autorizadas. Era la primera vez en más de diez años de denuncias que las autoridades visitaban la zona para certificar lo denunciado. 


José Borgo es coordinador de ProPurús, ONGd que ayuda a la comunidad de Saweto en sus reclamaciones, y también gran amigo de Edwin Chota. Al enterarse del asesinato de su amigo recopiló todas las cartas, propuestas, solicitudes y denuncias de Edwin y las organizó en un informe. También hizo una lista de cinco sospechosos de haber cometido el asesinato. Todo ello se lo entregó a los abogados de las viudas asháninka.


En los dos meses que siguieron al fatídico septiembre dos taladores fueron arrestados, pero en la actualidad el caso está practicamente parado. 


Ergilia López, viuda de Jorge Ríos, es la nueva dirigente de la comunidad Saweto. Asegura que seguirá defendiendo el bosque y denunciado la tala ilegal. No le importa arriesgar su vida como a sus predecesores. Ella también ha elegido el bosque.


"¿Cuántos hombres más deben morir para que volvamos a mirar un árbol?"




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Fotografía de Tomás Munita.


 





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