Desmemorias de África

Países en Conflicto

07 de Marzo del 2012

Pese a su gran extensión de tierras fértiles, Etiopía es el país con más personas afectadas por la hambruna y la sequía en el Cuerno de África: 4,8 millones de etíopes necesitan asistencia humanitaria.

Parece que Karen Blixen va a saltar de detrás de un maizal a la de dos. Y que Denys Finch Haton cortará el cielo azul con su avioneta en cualquier momento. Pero no. Al fondo, tres campesinos con sombreros de paja remueven la tierra ocre y un burro saltarín tira de un carro lleno de sacos. No estamos a principios del siglo XX, pero casi. A hora y media en coche al sur de Adís Abeba, la granja Genesis es un asterisco verde en la realidad seca de Etiopía, el país con más población necesitada de ayuda humanitaria a causa de la hambruna que pisotea el cuerno de África. Más de 4,8 millones de etíopes necesitan asistencia. Pero la situación extrema en el sudeste del país –en el campo de Dollo Ado mueren diez niños al día– suena lejana en la capital. Allí los jóvenes juegan a fútbol en la plaza Lenin, los perros dormitan en las esquinas y a veces llueve. “En la frontera las cosas están mal. Aquí hay de todo. No hay problema”, opina Alexander, que si fuera un poco más joven se lanzaría a patear el balón. Ahora se limita a observar las virguerías de un chico con la camiseta del Arsenal mientras espera aburrido el autobús. La peor sequía en sesenta años se ensaña con Etiopía y Adís Abeba juega a fútbol. Y la preocupación es aún más de cartón piedra si aparecen las corbatas y se agrandan los despachos.


La política del Ejecutivo etíope de ofrecer alquileres ventajosos de tierras fértiles a compañías extranjeras crea paraísos como Genesis Farms, propiedad de un estadounidense, un holandés y un etíope.


Getashew Gashowe, ex militar de las fuerzas aéreas, redondea una jubilación escasa haciendo de guía en la granja. Alucina con lo que ve. “Aquí 650 trabajadores cultivan 62 hectáreas. Esto es bueno para Etiopía”, asegura.


Se rasca la barba gris cuando se le cuestiona dónde va a parar la comida de Genesis Farm.


–No lo sé, a la capital o la exportación, supongo, dice.


–¿Algo se envía al sur, donde la gente se muere de hambre?, pregunto con algo de veneno.


–Esto es business, ¿no?, zanja.


En el 2013 el Gobierno espera haber asignado 3 millones de hectáreas, equivalente a la superficie de Catalunya o Bélgica. Adís Abeba alega que esta política permitirá al país ser autosuficiente y aportará una inversión vital.


El problema es si los paraísos están huecos. La ONG Survival, a la greña con el Gobierno etíope, denuncia que las tierras más productivas se venden a empresas foráneas para la exportación de alimentos en un país donde millones mueren de hambre.


Un cable de la embajada estadounidense destapado por Wikileaks advertía del aumento de tierras rentadas a países extranjeros. Y con ejemplos punzantes como el de una empresa sudafricana que invirtió 3,5 millones de dólares en campos para producir zumos y exportarlos a Europa y Medio Oriente. El cable ahondaba en esa contradicción: “Más allá de los posibles daños a los agricultores locales, la oposición y los críticos internacionales muestran su preocupación por la exportación de alimentos en un país que depende en gran medida de la ayuda alimentaria y por los bajos salarios que las compañías extranjeras pagan a sus trabajadores”.


Nuestro traductor –dice que es agente turístico pero apesta a funcionario con la misión de atarnos en corto– cuenta que Desagn cobra casi un euro por hora. Él se seca el sudor con la azada aún en la mano y asiente con la cabeza. Tímido. Al rato, tenemos que fintarle a lo Messi para charlar a solas con Emebat, de 15 años y que chapurrea el inglés. “400-500 birr al mes”, dice. Al cambio son menos de 17 euros y un chollo para todos menos para ella. Le pregunto si sabe que en el sudeste la gente se muere de hambre. “Sí, pero sé poco más”, admite.


El Gobierno etíope sí lo sabe. Hace unas semanas, suplicaba una ayuda urgente de 398 millones de dólares para enviar al sur comida, asistencia sanitaria y “mantener los niños en la escuela”. Con ese dinero se podría alimentar desde julio a diciembre a 4,5 millones de personas. La hipocresía baila en esas cifras. Según el think tank Stockholm International Peace Research Institute, Etiopía gastó el año pasado 338 millones de dólares en armamento militar. Dinero suficiente para alimentar a 3,8 millones de los etíopes que se mueren de hambre.


Cuando Emebat vuelve a recoger cebollas junto a sus amigas, pienso que a veces no hace falta disparar las balas para matar. A veces basta con comprarlas.


Al rato llega incómodo el traductor. Dice que nos tenemos que ir.


 


Reportaje original de Xavier Aldekoa para La Vanguardia:


http://www.lavanguardia.com/internacional/20110828/54206808685/desmemorias-de-africa.html

Comentarios

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