De fútbol, Jon Lee Anderson y José Tomás

Países en Conflicto

03 de Abril del 2012

“El primer partido de fútbol de la selección de Sudán del Sur empieza en diez minutos y  me lo voy a perder por culpa de veinte bovinos de una cornamenta talla señora Woods”

Llego tarde y África me da una colleja por las prisas. Una manada de vacas ankole, con largos cuernos de más de un metro, me cierra el paso. A mí y a todos. Peor yo soy el único que parece creer que resoplando de nervios las vacas se van a mover más rápido. Y ni un centímetro, claro. “El primer partido de fútbol de la selección de Sudán del Sur empieza en diez minutos y  me lo voy a perder por culpa de veinte bovinos de una cornamenta talla señora Woods”, pienso. Fabuloso. El resto espera igual, pero sin perder la sonrisa. Me lo apunto.


Como hay un aficionado con más ganas de fútbol, la situación se desatasca al estilo defensa marrullero.  Muy futbolero todo. Un tipo alto y espigado baja del coche, estira la pierna y le da una sonora patada en el culo a uno de los bichos. La manada se despereza poco a poco y deja un hueco para pasar.


La prisa era estúpida. A la hora prevista del inicio, ni siquiera han sonado los himnos. Trato de abrirme paso entre el gentío para acceder a la hierba y un tipo con una gorra de una empresa de telefonía lanza un par de camisetas hacia la muchedumbre. Al bulto. “Valiente hijo de Satanás”, grito, pero mi voz se ahoga entre el jaleo que acaba de provocar el insensato. Los empujones por hacerse con la presa me convierten en una pelota de ping pong sin afeitar. Se abre un corro alrededor de dos tipos que no sueltan la camiseta. Dan estirones y se dan unos meneos de impresión, pero siguen sin zafarse. Hasta que un policía piensa que basta. Saca una rama elástica y empieza a dar latigazos a uno de los dos. Como veo que los dos tienen agarrada una superficie similar de camiseta, creo que lo ha hecho a voleo. El que se va a quedar sin premio da un brinco y huye con el orgullo herido. La gente se descojona.


Entro al campo por la gracia de Iniesta –no tener acreditación tiene un pase en Sudán si el de la puerta descubre que eres de Barcelona- y me acerco a los banquillos. En realidad son sillas de plástico verdes, como las que hay en los chiringuitos de playa. Como no hay suficientes para todos, el segundo entrenador y otro señor que dice que es “second assistant manager” se sientan en la hierba.


Un tipo trajeado empieza a gritar a todo los periodistas que se vayan detrás de las porterías. Le hacen caso dos periodistas ingleses y el resto se queda donde está.


A mi lado aparece Jon Lee Anderson, uno de los mejores periodistas del mundo y reportero de New Yorker, una de las mejores revistas del ídem. Está en Sudán porque siempre está donde pasa algo. Como luego estará en Libia, Egipto o Sebastopol entrevistando a la persona clave y en el momento preciso. Me dice que espera una llamada para entrevistar a Al Bashir, presidente de Sudan (el del norte), y primer jefe de estado acusado de crímenes contra la humanidad mientras aún está en activo. Pero no lo tiene claro. Quizás viaje a España, dice en  un castellano perfecto, para escribir un reportaje sobre José Tomás. Le fascina la figura del torero de Galapagar. “Más allá de si te gustan los toros, él tiene algo de romántico”, apunta. Y creo que tiene razón. Al rato se va a charlar con la gente de las gradas.


Hace calor y me muero de sed. El assistant me ve el sudor en la frente y me alarga una de las bebidas para los jugadores. “¿Quieres una?”, me pregunta. Es una especie de fanta de fresa con gas. Las bebidas isotónicas y las aguas de tetra brick son de otro planeta.


Al final del partido, salto al campo para hablar con Khamis, primer goleador de la historia de Sudán del Sur. Philip interfiere para que deje de parecer un Bill Murray africano. Khamis no habla una palabra de inglés. Les acompaño fuera del estadio porque vuelven andando al hotel y sin ducharse. “Ven mañana y hablamos, amigo”, me dice Philip.


Se alejan por una calle de tierra y sin luz. Khamis, con las espinilleras en la mano, comenta alguna jugada con su colega. Se para y hace un gesto con el pie. Simulando un regate, un mal bote o qué se yo. Luego desaparecen en la oscuridad.


“Esto sí tiene mucho de romántico”, pienso.


Y de puro fútbol.


 


Artículo y fotografía original de Xavier Aldekoa para Panenka:


http://www.panenka.org/pk/2011/10/de-futbol-jon-lee-anderson-y-jose-tomas/

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Somalia, el país más oriental de África, ocupa un área de 637.540 km². Se sitúa en la punta de una región conocida habitualmente como el Cuerno de África -debido a su parecido en el mapa con un cuerno de rinoceronte- de la que también forman parte Etiopía y Yibuti.

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"Somalia, el país más oriental de África, ocupa un área de 637.540 km². Se sitúa en la punta de una región conocida habitualmente como el Cuerno de África -debido a su parecido en el mapa con un cuerno de rinoceronte- de la que también forman parte Etiopía y Yibuti."